“Queriendo en todo la voluntad de Dios, en la vida y en la muerte henos ya salvados y santificados en el claustro y fuera de él, casados o solteros, ricos o pobres, seglares o eclesiásticos; en una palabra, toda alma según su estado y condición” ( C. 466,1). Esta llamada a la santidad se traduce desde el carisma Josefino Trinitario en algo muy concreto:
Procurar en nuestras obras la mayor gloria de Dios Uno y Trino.
Hacer familia al estilo de Nazaret, cada uno según nuestro estado y condición y sintiéndonos vocacionados y enviados para construir juntos el Reino.
Los nuevos caminos de comunión entre religiosos, laicos y sacerdotes a que nos convoca la Iglesia, irradian sobre nuestro carisma Josefino-Trinitario y extiende sus fronteras más allá del Instituto fundado por Padre Eladio.
Cualquier persona que opte por este carisma y se decida a vivir el Evangelio de Jesús con esta espiritualidad formará parte de nuestra familia.
Acogemos con gozo todas las inquietudes que favorezcan la comunión, ofrecemos nuevos cauces para compartir con nosotras la misión carismática. La novedad del Espíritu no se agota y la riqueza del carisma de Padre Eladio puede suscitar distintas plataformas de hacer de la vida un canto de alabanza a Dios Trinidad y un don-servicio de la propia vida a favor de los hombres. |