BOLETÍN INFORMATIVO N° 19
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Nuevamente nos encontramos contigo, padre Eladio, para compartir los acontecimientos de este último tiempo.
En el mes de Agosto, desde el 16 al 21 de este Año de la Eucaristía (2005), se realizó en Colonia, Alemania, la Jornada Mundial de la Juventud, donde muchos jóvenes se reunieron con el Papa Benedicto XVl. para rezar por la Iglesia.
· “¡Qué bien! Porque todos debemos unirnos a la oración de la Iglesia, y más que todo, a la oración de su Cabeza y Corazón, que es Jesucristo, nuestro Bien, en quien el Padre celestial tiene sus complacencias.” (C.535)
Esta Jornada finalizó con una Solemne Eucaristía en la que el Papa dio la bendición Urbi et Orbi. Al respecto, el Papa Juan Pablo ll, en su carta “Señor, quédate con nosotros” dejó dicho “La Eucaristía es el centro vital en torno al cual deseo que se reúnan los jóvenes, para alimentar su fe y su entusiasmo.
- ¿Qué nos puedes decir, padre Eladio, sobre la fe?
- Que el medio más próximo de nuestra unión con Dios, es la fe pura, y cuanto más pura es nuestra fe, más cerca estamos de nuestro Dios, que es invisible (C.424)
- ¿Y qué es la fe pura?
- La fe pura y firme es la disposición próxima e inmediata para el grado de unión del alma con Dios… si usted le es fiel, pronto será un solo corazón y un solo espíritu con Él, en Él y para Él.
- ¡Qué importante, padre Eladio, es que tantos jóvenes hayan sido llamados a esta Jornada de la Iglesia!
- Sí, y debemos pedir incesantemente por la Iglesia, porque ésta necesita “ministros a lo Pablo”; y éstos, a mi pobre modo de entender, además de ser llamados por Jesucristo con la voz penetrante de su gracia, necesitan ser como panes escogidos de amor, amasados con agua continua de oración, cocidos con el fuego vivo de las tribulaciones y sazonados con la sal de la discreción, para ser luego, como alimento sustancioso derramado por la mano de la Providencia, a los cuatro vientos, para salvación de las almas, sin que tenga este pan otro gusto que el puro amor de su Hijo, ni busque otra gloria y honra que la del que habita en las alturas.(C.405)
- ¿Qué puedes decirle a los jóvenes para que este entusiasmo no se apague, y comprometan sus vidas con el Señor al servicio de la Iglesia?
- ¡Oh Dios mío! ¡Dadme fuerzas para dar un grito de dolor que se oiga en todo el mundo y alcance a todas las generaciones presentes y venideras! Sí, Dios mío, dejadme gritar diciéndoles…dejad obrar a Dios…sed dóciles, ya oyendo su voz y yendo por el camino que os prepara, porque si no, os exponéis a no hallarle jamás, y perderlo para siempre.(C.263)
- Que el Señor escuche tu grito, padre, porque en la juventud, y también en todos nosotros, encontramos tiempos en que nos sentimos muy cerca de Dios, pero hay otros en que nos alejamos, nos sentimos poco motivados, distantes, ignorados del mundo.
- Hay que tomar los tiempos como Dios los envía. Si estamos en luz, favor y gozo sensible de Dios, bendito sea su Santo Nombre; si, por el contrario, en aridez, desconsuelo y desolación, también sea bendito; si nos llama a la vida activa y quiere que ejercitemos las virtudes y suframos trabajos para su gloria y bien de nuestros prójimos, sea Él bendito, alabado y glorificado; y si quiere que estemos en dulce contemplación en el rincón más oculto e ignorado del mundo, para siempre sea bendito, alabado y glorificado.(C.491)
- Padre, nos damos cuenta que esto que nos dices, es para una persona santa. ¿Y la gente común y corriente?
- ¡Oh, hijos míos! Dicen los mundanos, y también muchas almas buenas, que es muy difícil ser santos y que ellos no aspiran a tanto. ¡Pobrecitos! No lo entienden. El Señor nos eligió a todos los cristianos para ser santos. Si no lo somos, es porque no queremos serlo.(C. 491)
- ¿Y qué es necesario para ser santo?
- Tengo entendido que esto mismo se lo preguntaron a Santo Tomás de Aquino y él respondió “querer”. Profunda respuesta, como de quien es. Pues esto mismo digo yo: “queramos ser santos.” Queramos lo que Dios quiere, como, cuando, en donde, por lo que y para lo que quiere. Queramos la aridez y el fervor, el consuelo y desconsuelo, la dulzura y la desolación, la salud y enfermedad, la vida activa y la contemplativa, en fin, y la muerte que Él quiera para nosotros. Queramos siempre que se cumpla su voluntad santísima, por su puro amor y para su mayor honra y gloria en nosotros y en todas las criaturas en el tiempo y en la eternidad, y seamos santos, no viviendo más que de su voluntad, por su puro amor y para su gloria. (C:491)
- Padre Eladio, nosotros los chilenos, tenemos la gran alegría en el Señor, de ver canonizado a nuestro padre Alberto Hurtado. Él vivió pensando siempre “qué haría Cristo en mi lugar”, y al realizarlo, decía “Contento, Señor, contento”. ¡Cómo nos gustaría ser como él, seguir su ejemplo, tener esa disposición!
- Pídanle al Señor “Quiero ser tan santo como Vos queráis, Dios mío, y tan semejante a Vos como a Vos os plazca, ni más ni menos. Vuestra voluntad es mi ley y la medida de mi perfección. Amén” (C.366)
- ¿Y qué pasa con nuestros proyectos, nuestras aspiraciones?
- Puesto que la vida es breve y Dios nos llama a ser santos, dejémonos de niñerías, esto es, renunciemos a nuestra propia voluntad y crucifiquemos nuestro propio gusto para seguir la voluntad de Dios.(C.531)
- Nuestro santo Alberto Hurtado practicó hasta el extremo la caridad. Y su lema era “hay que dar hasta que duela”. ¡Qué difícil se nos hace esto, padre Eladio, cuando estamos tan preocupados de nuestras propias necesidades, y sin embargo, decimos que a Dios le daríamos todo…
- Dios no necesita nada, pero sus hijos, que son nuestros prójimos, necesitan mucho. Mas, como todo lo que hagamos por nuestros prójimos, debemos hacerlo por amor a Dios, siempre resulta que cuanto hagamos o suframos para bien de nuestros prójimos, haciéndolo y sufriéndolo por amor de nuestro Dios, Él lo recibe como hecho y sufrido por su amor. Así pues, oremos, obremos y suframos mucho. Llenos de este divino amor, pues todo ello es bien poco en comparación con lo que Él oró, obró y sufrió por el nuestro.(C.531)
- ¿Y cómo podemos conocer las necesidades de nuestros prójimos, para poder nosotros, satisfacerlas? Sabemos que son muchas, pero a veces no se nos ocurre qué hacer.
- Las necesidades más grandes de nuestros prójimos, que a primera vista encuentro, son:
1º que no se ama a Dios porque no se le conoce, y no se le conoce, porque no se le considera y medita.
2º que las criaturas racionales se pierden porque se aman mucho y mal, y así se aman porque no se
conocen bien, y esta ignorancia tienen, porque no se consideran y meditan.
Pues bien, oremos, obremos y suframos cuanto sea necesario orar, obrar y sufrir, para que cuanto esté de nuestra parte, el Señor remedie esta necesidad. (C. 407)
Es indudable que la Santísima Trinidad, que es Dios, ama mucho a los hombres. Esto mismo debe ser un gran estímulo para que todos nos amemos mutuamente, pues es gran falta de amor de Dios no amar a quien Él tanto ama. (C.297)
Padre Eladio,¡Cuánto necesitamos de tus orientaciones! Gracias por estos momentos compartidos contigo para acercarnos más a Dios Trinidad, por eso, de corazón cada uno de nosotros te decimos:
SUMA GLORIA A DIOS UNO Y TRINO EN JESUCRISTO
CON MARIA Y SAN JOSÉ PADRE ELADIO, ACÓGEME.