BOLETÍN INFORMATIVO N° 29  

 

ASOCIADOS JOSEFINO TRINITARIOS 

SANTIAGO DE CHILE

 

 

 

         

Asociados Josefino Trinitarios de Santiago

Boletín # 29

Dialogando con el Padre Eladio

 

 

Querido padre Eladio:

 A pesar que estos diálogos son comunitarios (entre usted y todos los asociados), hoy quiero contarle la experiencia que he vivido, del paso de mi mamita de esta vida a la Vida eterna, pues pienso que de alguna manera, sus consejos pueden ayudarnos a todos.

 

Con mamá siempre conversábamos sobre el momento en que el Señor vendría a buscarla, y ella, con sus 97 años, estaba muy bien preparada para este encuentro.

 

Una hermana Josefina ( hermana Soledad) me dijo una vez que la verdadera pobreza se alcanza cuando se ha entregado lo que más se quiere en la vida, “la mamá”. Cuando el Señor vino a buscar a la mía, yo le dije:”Señor, gracias por mi mamita, por habérmela prestado por tanto tiempo, Tuya es, a Ti te la devuelvo”. Y sentí una entrega total a Él.

 

El Señor le va dando espíritu de pobreza para verdaderamente enriquecerla. Luego que el alma queda vacía de todo lo que es criatura, es, en seguida henchida y llena de Dios su criador. Así pues, hija mía, agradezca mucho a nuestro Dios el espíritu de pobreza que va derramando en su corazón. ¿No va cayendo en la cuenta del por qué el Señor se ha llevado a su madre? Pues, por querer hacerla pronto verdaderamente pobre, quitándole la ocasión de envanecerse con los bienes de familia. Bienaventurados los pobres, porque de ellos es el reino de los cielos. Así pues, dejemos para los demás los bienes de la tierra y enriquezcámonos nosotros con los bienes del cielo. (C. 5)

 

Ahora, padre,  me siento pobre. Pobre, porque no poseo nada, le entregué al Señor el mayor tesoro que Él me había dado. Yo ya no tengo nada; ahora es Él quien me tiene. Creo que es el paso que se da de “poseer, a ser poseída”  Nuestro Padre Dios a cada uno nos dio una misión. Una misión que puede ir variando en el transcurso de la vida, ya que la vida es cambio. Pienso que la misión que me dio de amar y cuidar a mi mamá ha terminado, pero ahora me necesita para amar y cuidar a otros hermanos, que Él irá poniendo en mi camino.

 

Me gozo en el Señor de que tenga tan bien entendida la doctrina de la verdadera pobreza de espíritu. Así me agrada. ¡Bendito Dios! Vivir en Jesucristo, vivir con Él, por Él y para Él, y esto, conforme a Él le plazca, y cuando le agrade, y por los santos fines que Él quiera y sin que nada sensible le pida, y dispuesta a recibir lo que le dé, llena de humildad, gratitud, amor y alabanza… esto es henchirse de Dios. Gloria a Él y a sólo Él, porque de Él sólo emana esta gran luz y este río de su infinita misericordia (C. 336)

 

El Señor dijo: “Felices los que tienen espíritu de pobre, porque de ellos es el reino de los Cielos.” (Mateo 5,3)¿En qué consiste la verdadera pobreza de espíritu?

 

La verdadera pobreza de espíritu consiste en tener desprendido el afecto de nuestro corazón de todo lo que no es Dios. Así que aún las mismas cosas espirituales no debemos amarlas en sí mismas y por sí mismas, según que a nosotros nos agradan, sino debemos amarlas en Dios y según agraden a su voluntad santísima(C 284)

 

Claro, padre, que debo confesarle que yo sufrí mucho viendo a mamá cómo se iba deteriorando, primero lentamente, y al final, en forma tan repentina y brusca. Ese sufrimiento yo se lo ofrecí siempre al Señor, para que Él concediese a mamá la gracia de pasar de esta vida a la Vida, en un momento de paz, amor y alegría con el encuentro con Dios Trinidad. Y así ocurrió.¡Cuánto amo al Señor y qué agradecida estoy de Él!

Siga ofreciendo todos sus padecimientos espirituales, en unión íntima de los muchos y grandes que Él padeció, y henchida del mismo amor relativo con que Él los sufrió por su amor. Por esta razón, hija mía, aprecie en gran manera esa voz íntima que siente en su corazón y le dice:”Es para que me ames” En verdad, el amor se cría muy robusto, con penas. (C. 350)

 

Cuando mamá estaba tan enferma, se sentía tan mal y ya no había nada que yo pudiera hacer por aliviarla, simplemente me entregué al Señor; que se cumpliera Su voluntad. Pues pensé que si Él es nuestro Padre, Él haría lo mejor para su hija, en este caso, mi mamá.

 

Mucho me alegro que esté dejada plenamente en manos de Dios, a quien considera como un Padre que infinitamente nos ama y procura en todo nuestro bien. Bienaventurados son (nos dice el profeta real) los que confían en el Señor. Pues bien, confiemos plenamente, dejando en Él todos nuestros cuidados, y sólo cuidando nosotros de  servirle, amarle y bendecirle con toda fidelidad. (C. 370)

 

Ahora queda la pena de su ausencia física, pero el gozo de saber que está en los brazos del Señor. Cuando uno ama a una persona, uno es  feliz cuando la persona amada lo es. Por eso, yo puedo decir que estoy feliz. Sin embargo, como decía San Pablo, el espíritu es fuerte, pero la carne es débil.

 

¡Ánimo y humildad profunda y verdadera! Que en esto consiste la verdadera pobreza de espíritu, para cuya adquisición tan sobrenaturalmente le ayuda esa pena espiritual, sublime, admirable, bendita, deseable y, en fin, divina.  No dude que, una vez obtenida esta pobreza de espíritu, sin que nada, nada, nada de todo lo criado ocupe en sí mismo y por sí mismo, la parte más íntima de su corazón, en seguida será henchida su alma del espíritu de Dios, de una manera suave, pacífica, descansada y permanente. (C.216)

 

Esa disposición quiero alcanzar, padre, de sentirme plenamente poseída por el Señor, de no apartarme ni un momento de Él, que no haya obstáculos, que nada se interponga en mi relación con Él.

Eso quiero: que a nada esté asida, sino a Dios. Todas las cosas son medios: Dios sólo es nuestro fin. Quien algo interpone con asimiento entre su Dios y entre sí, no logrará la unión perfecta. Y no vale decir que tal o cual cosa la queremos por Dios y por amor de su gloria, porque cuando esto es verdad, si no lo logramos, no perdemos la paz, antes bien, decimos con plenitud de ella: “Dios lo quiere así, cúmplase su voluntad santísima y bendito sea su santo nombre.” Mas, cuando en ello va envuelto algo de nuestro amor propio, entonces nos enojamos, entristecemos, querellamos, etc. etc. poniendo por pantalla o por pretexto que aquello lo queríamos por amor y para gloria de Dios. (C.228)

 

Otra cosa quería compartir con usted, padre, y que me hizo muy feliz: Cuando mamá exhaló el último suspiro, sentí en forma patente las manos de María sobre mis hombros,  que me decía:”Recuerda, yo soy tu Madre”.

 

Es que María, nuestra Madre, es Madre del amor hermoso, de la santa esperanza y de todos los pecadores; todo en la proporción y medida que le corresponde después de su amado Hijo Jesús, nuestro adorable Redentor, Salvador, Mediador, Maestro, Luz, Amor, Fortaleza y Vida. (C 270)             

Por eso, recurra a ella diciéndole: “¡Oh María, dulce esperanza de mi vida! Bajo tu manto protector me pongo, y sé que si en Ti confío, de ningún modo puedo perecer. Así sea”.(C.98)

 

Gracias, padre Eladio, por todo lo que me ha dicho. Espero que esto sirva también, para todos los que tenemos que pasar por el trance de entregar un ser querido a nuestro Dios; o mejor dicho, “devolvérselo a Él”. Resumiendo, ¿Qué más nos puede decir, para que siempre acatemos con alegría la voluntad de Dios?

 

Resumen: Con plena desnudez de  espíritu, quiera solamente lo que Dios quiera; quiéralo por puro amor de Dios y quiéralo para sola la gloria y honra de su santísimo nombre. De esta manera vivirá santa y tranquilamente. (C.561)

 

Por eso, desde el fondo de mi corazón digo:

 

 

SUMA GLORIA A DIOS UNO Y TRINO EN JESUCRISTO CON MARÍA Y SAN JOSÉ

 

PADRE ELADIO ACÓGEME.

 

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